Varios caballeros, entre ellos un clérigo y un militar, se arremolinan en torno a otro más joven, que lee en voz alta la hoja de un pasquín o periódico. Compañero del nº Inv. 7980, ambos son fragmentos del friso corrido que decoraba el desaparecido Café de Levante de Madrid y del que, además de éstos, se conocen otros tres pedazos, uno de ellos conservado en el Museo del Romanticismo, que representa a unos Bebedores en el Café de Levante, y otros dos, adquiridos hace unos años por el Museo del Prado, en los que aparecen, respectivamente, Caballeros conversando en el Café de Levante de Madrid y Bebedores sentados a una mesa en el Café de Levante de Madrid.
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Varios caballeros, entre ellos un clérigo y un militar, se arremolinan en torno a otro más joven, que lee en voz alta la hoja de un pasquín o periódico. Compañero del nº Inv. 7980, ambos son fragmentos del friso corrido que decoraba el desaparecido Café de Levante de Madrid y del que, además de éstos, se conocen otros tres pedazos, uno de ellos conservado en el Museo del Romanticismo, que representa a unos Bebedores en el Café de Levante, y otros dos, adquiridos hace unos años por el Museo del Prado, en los que aparecen, respectivamente, Caballeros conversando en el Café de Levante de Madrid y Bebedores sentados a una mesa en el Café de Levante de Madrid.
Debido a la naturaleza casi efímera de su destino y a su carácter esencialmente decorativo, la pintura está resuelta con una evidente simplicidad, tanto en su diseño, -atento fundamentalmente a la descripción casi caricaturesca de los personajes, situados en una escenografía desnuda, tan sólo insinuada a base de simples líneas y planos geométricos, y de una apariencia monumental impropia de un café-, como en su técnica, de una materia extremadamente delgada y fluida y una paleta casi monocroma, que le dan la apariencia de una sarga pintada a la acuarela o al temple, lo que ha llegado a distorsionar su visión, al trepar a la superficie zonas de la preparación y la propia trama de la tela. [...] No obstante, este conjunto al que pertenecen los dos lienzos del Museo Lázaro, constituye un testimonio histórico verdaderamente excepcional del tipo de decoraciones que ornaban los cafés románticos, y ejemplo único de esta faceta de la personalidad artística de Leonardo Alenza, por la que, a pesar de su carácter menor, fue -como se ha visto- más afamado en su tiempo. Como aclara Delgado Bedmar y resulta obvio por su iconografía, técnica, soporte y dimensiones, este friso ahora fragmentado no puede en modo alguno identificarse con la famosa "muestra" ponderada por Cruzada Villaamil en 1864 y reiterada luego por toda la bibliografía sobre Alenza como una de las obras señeras de toda la producción del pintor. Así, el friso del que forman parte los dos fragmentos que se conservan en el museo Lázaro, debía corresponder seguramente a la decoración interior del local, corriendo a lo largo del borde superior de los muros, como parece confirmar su perspectiva di sotto in su.
- plegar